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lunes, 23 de noviembre de 2009

LINGÜÍSTICA

El lenguaje en acción

La teoría de los actos de habla
De una tradición distinta a la de los autores que hemos visto hasta el momento se nutren los autores de la llamada teoría de los actos de habla (conocida también como filosofía del lenguaje común u ordinario en la filosofía y como pragmática filosófica en la lingüística), que ha influido enormemente en la teoría lingüística (ver aquí, por ejemplo, “Gramática del texto – Lingüística del texto” en Estado del arte). John Austin (1911-1960) y John Searle (n. en 1932), sus principales representantes, provienen ambos de la filosofía y sus motivaciones centrales sólo pueden reconstruirse si se leen con atención las disputas filosóficas sobre la naturaleza del lenguaje y, en particular, sobre el significado de las palabras, inauguradas por dos artículos fundantes: “Sobre sentido y referencia”, de Gottlob Frege (1898), y “Sobre el denotar”, de Bertrand Russell (1905). La discusión de Frege y Russell, que se centra en si la relación entre las palabras y las cosas es directa o si nuestros propios conceptos y/o el lenguaje interfieren en esa relación, está enmarcada en una polémica filosófica más general respecto de la naturaleza de la verdad y la posibilidad de acceder a ella. A partir de allí, se abre la cuestión de si la función central del lenguaje es efectivamente referir (i.e., establecer una relación entre las palabras y los objetos en el mundo) o si hay otros usos del lenguaje que son igualmente importantes.
Austin (en Palabras y cosas [How to do things with words], 1962) y Searle (en Actos de habla [Speech Acts], 1968), al igual que el “segundo” Wittgenstein (en Investigaciones filosóficas, de 1953) y otros autores, como Peter Strawson o Paul Grice, en lugar de interesarse excluyentemente por el modo en que el lenguaje puede transmitir o no la verdad en un discurso científico, estudiaron también el modo en que funciona el lenguaje en distintas situaciones cotidianas. Así, todos coinciden en proponer que referir y afirmar (i.e., realizar enunciados acerca de estados de las cosas en el mundo) no es la única (ni siquiera la principal) función del lenguaje. Entre otras muchas, pueden citarse la pregunta, el pedido, la orden, la amenaza, la promesa. Wittgenstein se refiere a esas acciones como juegos del lenguaje; más popular en lingüística es el término propuesto por Austin y Searle: actos de habla.
Austin y Searle proponen que, al decir algo, realizamos una serie de acciones que corresponden a varios niveles distintos. Por un lado, producimos ciertos sonidos que se amoldan al vocabulario y a la gramática de una lengua determinada y que tienen cierto significado. Austin sostuvo que esos fenómenos se agrupan en un único nivel (al que llamó acto locucionario), mientras que Searle los dividió en dos niveles distintos: un acto de emisión (de palabras o cualquier otra unidad lingüística) y un acto proposicional (que incluye referir a ciertas entidades en el mundo y predicar algo acerca de ellas). Por otro lado, observan Austin y Searle, con una emisión también llevamos a cabo acciones típicamente lingüísticas (pero no siempre), codificadas socialmente, como un pedido, una orden, una amenaza, una promesa, esto es, actos ilocucionarios o actos de habla. Típicamente, los actos ilocucionarios no dependen directamente de las palabras emitidas, cosa que es especialmente clara en los llamados actos de habla indirectos: una emisión como ¿No tenés hambre?, por ejemplo, puede interpretarse a menudo como un acto ilocucionario distinto (i.e., una sugerencia o una propuesta) del que se desprendería de su significado y forma lingüística literales (i.e., una pregunta). Por último, las emisiones también tienen actos o efectos perlocucionarios, esto es, provocan ciertas consecuencias en las acciones, pensamientos o creencias de los oyentes. El acto perlocucionario más esperable para ¿No tenés hambre?, por ejemplo, sería lograr que el destinatario informe simplemente si tiene hambre o no al emisor, pero pueden imaginarse muchos otros (conseguir que el destinatario prepare la comida o que establezca una conversación con el emisor, por ejemplo).
En ese contexto, no existen actos proposicionales “puros” de los que se pueda afirmar su verdad o falsedad en abstracto. Más bien, afirmar algo es uno más entre el conjunto de posibles actos ilocucionarios y, por lo tanto, puede tener efectos perlocucionarios variados. Al igual que los demás actos de habla, está sujeto a condiciones de fortuna o infortunio, afirma Austin: enunciar con verdad es un acto afortunado, análogo a aconsejar prudentemente o argumentar con fundamento. Es por eso que la verdad o falsedad de un enunciado no dependen solamente del significado de las palabras, sino del tipo de acto ilocucionario que se está realizando con él. Así, por ejemplo, un enunciado como Te estás convirtiendo en un chancho difícilmente pretenda tener valor de verdad literal (es decir, representar un cierto estado de cosas en el mundo), sino que realiza otro tipo de acto de habla (por ejemplo, hacer una advertencia o burlarse de alguien).
A partir de estos elementos, Austin y Searle intentan establecer una tipología de los actos de habla, a partir de la descomposición de los distintos elementos que intervienen en cada tipo de acto ilocucionario: su contenido proposicional, sus condiciones preparatorias, su condición de sinceridad y la regla esencial que lo rige, de acuerdo con la terminología de Searle. Así, por ejemplo, pedir o aconsejar tienen por contenido proposicional un acto futuro del oyente, pero se distinguen por el resto de las condiciones, particularmente por la regla esencial (al pedir, el hablante intenta simplemente que el oyente haga algo, mientras que al aconsejar asume que esa acción será beneficiosa para el oyente) y la condición de sinceridad consecuente (mientras que al pedir el hablante es sincero si desea que el oyente haga una acción, al aconsejar lo es si cree que esa acción lo beneficiará de algún modo).
Lecturas básicasAustin, John (1962), How to do things with words, Oxford, Oxford University Press. Editado en español como: Palabras y acciones, Buenos Aires, Paidós, 1971.Frege, Gottlob (1892), “Über Sinn und Bedeutung”, en Zeitschrift für philosophische Kritik 100. Editado en español como: “Sobre sentido y referencia”, en Valdés Villanueva, L. (comp.), La búsqueda del significado, Madrid, Tecnos, 1991. Russell, Bertrand (1905), “On denoting”, Mind, vol. 14. Editado en español como: “Sobre el denotar”, en Moro Simpson, Thomas (comp.), Semántica filosófica: problemas y discusiones, Buenos Aires, Siglo XXI, 1973.Searle, John (1968), Speech Acts, Cambridge, Cambridge University Press. Editado en español como: Actos de habla, Barcelona, Planeta, 1990.Wittgenstein, Ludwig (1953), Philosophical Investigations, Oxford, Blackwell. Editado en español como: Investigaciones filosóficas, Madrid, Tecnos, 1968.

Gramática del texto - Lingüística del texto
En el campo científico la denominación “gramática textual” se reserva para los estadios iniciales de los estudios sobre el texto (aproximadamente, las décadas del 60 y 70), centrados en la preocupación gramatical. A partir de fines de los años 70, la denominación se reformuló en el sintagma Lingüística del texto, que, por un lado, recoge la ampliación de la mirada sobre el objeto de estudio y, por el otro, es más dúctil para albergar los diversos intereses y perspectivas que reúnen a la disciplina en su vertiginosa evolución de los últimos treinta años. La orientación textualista de la gramática surgió con vigor en Europa central hacia fines de los años sesenta del último siglo, inicialmente en los países germano-parlantes y luego se extendió hacia otras naciones. La gramática textual de origen germano produjo el instrumentarium central –retomado y desarrollado con impronta particular por otros enfoques teóricos- que hoy circula como propiedad y rasgo distintivo de los estudios gramaticales sobre el texto (las nociones de cohesión, coherencia, macroestructruras, tipologías textuales, etc., ver estado del arte XXX). Los principales representantes de la gramática textual son Harald Weinrich, János Petöfi, Teun van Dijk, Sigfried Schmidt, entre otros.
La raíz epistemológica de la gramática textual es compleja: por un lado, gramáticos del estructuralismo europeo (entre ellos, seguidores de las ideas de la Escuela de Praga) y del generativismo; por el otro, lingüistas fuertemente influidos por la teoría de los actos de habla y los desarrollos de la pragmática. Además de las causas externas a la disciplina –el interés general de las ciencias por ampliar sus objetos de estudio, los desarrollos de la pragmática y la semántica, la traducción automática, las ciencias de la información-, el interés gramatical por los textos surge a raíz de problemas de investigación no resueltos en el ámbito de la gramática oracional: a fin de poder describir y explicar problemas como la anáfora, el artículo, la coordinación, morfemas verbales para la expresión del tiempo y el aspecto gramaticales, la elipsis, entre otros, gramáticos de procedencia estructuralista y generativista plantearon a inicios de los años sesenta el “postulado de ampliación”: la unidad de análisis de la lingüística debía extenderse de la oración al texto. Klaus Brinker, en su clásico libro Análisis lingüístico del texto (1988), sintetiza el desarrollo de la disciplina hasta los tardíos ochenta sobre la base de las distintas concepciones sobre el texto, motivadas en diversos intereses de investigación y en los sucesivos paradigmas dentro de la lingüística en general. Distingue dos orientaciones básicas en las etapas tempranas de la lingüística del texto: la centrada en el sistema lingüístico (con una fuerte impronta de la gramática generativa o de la gramática estructural) y la centrada en el hecho comunicativo (deudora explícita de la pragmática). En la primera orientación, la lingüística del texto se comprende a sí misma (como antes la lingüística oracional) como una lingüística de la “langue” o de la competencia. La jerarquía de las unidades del sistema lingüístico (fonema, morfema/palabra, oración) es simplemente ampliada con la unidad texto. En esto se expresa la convicción de que no sólo la formación de la palabra y la oración, sino también la constitución textual se produce por medio del sistema de reglas y se basa en regularidades generales y sistemáticas que deben ser explicadas por una teoría del texto. Por ese motivo se sigue recurriendo tanto en el aspecto teórico como en el metodológico a las ideas de la lingüística oracional, sea de proveniencia estructuralista o generativa, lo cual se traduce en la definición del concepto texto, que se concibe como una sucesión coherente de oraciones. La coherencia textual, el concepto central de la disciplina en esta etapa, es definida en forma puramente gramatical: describe las relaciones sintáctico-semánticas entre las oraciones o entre elementos lingüísticos (palabras, grupos de palabras, etc.) de oraciones sucesivas. De acuerdo con esta perspectiva, los textos, concebidos como sucesiones de oraciones, comparten cualidades globales con las oraciones: esencialmente, el carácter potencialmente infinito de textos y oraciones, el hecho de poseer ambas unidades una estructura y componerse de elementos relacionados entre sí, la posibilidad de ser reducidos a “tipos o clases” que se convierten en modelos preexistentes para las actividades de producción y comprensión de textos, etcétera.
Los estudiosos de orientación generativista se esforzaron por extender el análisis oracional al análisis de pares de oraciones y relativizar el concepto de oración como axioma de la gramática. Horst Isenberg intentó desarrollar una gramática textual generativa y para ello antepuso una “regla textual” a las reglas generadoras de oraciones, con cuya ayuda se podían expandir oraciones individuales del texto a partir de un símbolo inicial T (= texto), que se rescribía como: O + O + O (...). Las nociones de “sucesión” y “conexión” de oraciones sobre la base de informaciones sintácticas y semánticas fueron centrales en estos trabajos que elaboraron el concepto de coherencia como rasgo privativo de los textos “bien formados”.
La segunda orientación, más centrada en el uso lingüístico y heredera explícita de la retórica clásica, concibe los textos, necesariamente ligados a una situación comunicativa dada, como instrumentos para el logro de determinados objetivos comunicativos por parte de actores concretos. La función comunicativa de los textos es una preocupación esencial en esta dirección de investigación, cuyo fundamento teórico es la teoría de los actos de habla. El texto, así, es una acción comunicativa compleja, que incluye un componente gramatical. En el foco de observación se encuentra la finalidad o propósito (del hablante o productor), los interlocutores y la particular situación comunicativa. Los estudios –en general, de procedencia estructuralista- incorporaron en sus análisis aportes y reflexiones de la semántica léxica y estructural, y de la pragmática. Así, por ejemplo, se han convertido en obras de referencia ineludible los estudios sobre los pronombres de Roland Harweg, o sobre el artículo de Harald Weinrich y los tiempos verbales del mismo autor (Weinrich 1974) que explicitan el vínculo esencial entre gramática y hecho comunicativo.
Los estudios fundacionales en gramática del texto, entonces, son epistemológicamente posteriores a los estudios gramaticales de la oración. Surgieron por necesidades internas de la investigación gramatical y presuponen, por ende, los conocimientos adquiridos por la gramática oracional. Por lo tanto, la gramática textual no es una alternativa a la gramática oracional sino una ampliación y una complementación no sólo cuantitativa sino también cualitativa de aquella. Hacia los años ochenta se comenzó a hablar de la Lingüística del Texto como una “megaciencia” (ver Estado del arte XXX)

Lecturas básicas
Beaugrande R. de y W. Dressler (1981), Einführung in die Textlinguistik, Tübingen: Niemeyer. Publicado en español: Introducción a la lingüística del texto, Barcelona: Ariel, 1997.Brinker, K. (1988), Linguistische Textanalyse, Berlin, Erich Schmidt.Van Dijk, T. (1977), Text and Context. Explorations in the Semantics and Pragmatics of Discourse, Londres, Longman. Publicado en español: Texto y contexto, Barcelona, Paidós, 1978.Weinrich, H. (1974), Estructura y función de los tiempos en el lenguaje, Madrid: Gredos.

La sociolingüística
A partir de la dicotomía entre competencia y actuación planteada por Chomsky en 1965 surge la sociolingüística. En Aspectos de la teoría de la sintaxis Chomsky subordina claramente el estudio de la actuación al de la competencia y propone que el estudio de la actuación debería dejarse para un momento “posterior” de la lingüística. Sin embargo, en una serie de trabajos escritos durante las décadas del 60 y del 70, William Labov (n. en 1927) propone una lingüística de la actuación, intentando formalizar la variación lingüística sincrónica dentro de una comunidad determinada a partir de parámetros sociales más o menos sistemáticos. Esa propuesta de Labov dio origen a la sociolingüística o variacionismo. El estudio más famoso de Labov, incluido en Modelos sociolingüísticos [Sociolinguistic Patterns] (1972), es aquel en que compara las diferentes pronunciaciones de cuarto piso [en inglés fourth floor] en los ascensoristas de tres grandes tiendas de Nueva York (Macy’s, Saks y S.Klein). Con ese estudio, Labov inaugura una serie de trabajos centrados en grabaciones espontáneas en las que los datos intentan sistematizarse a partir de diversas variables sociales que influyen sobre el estilo de habla de los miembros de una determinada comunidad lingüística: la clase social, la edad, el tipo de empleo, el sexo, el nivel educativo o el grupo étnico.
También parten de la noción de competencia de Chomsky los antropólogos Dell Hymes (n. en 1927) y John Gumperz (n. en 1922), editores de dos compilaciones fundantes: La etnografía de la comunicación [The Ethnography of Communication] (1964) y Fundamentos de la sociolingüística [Foundations in Sociolinguistics] (1972). Ambos proponen la noción de competencia comunicativa, definida como la capacidad de un individuo para reconocer cuándo hablar, qué decir, a quién y de qué modo, que se adquiere mediante la socialización dentro de determinados grupos. De este modo, Hymes y Gumperz suponen que hay diversos códigos lingüísticos disponibles en el interior de una comunidad lingüística y que cada miembro selecciona entre estos códigos el más apropiado al contexto, pudiendo cambiar de uno a otro en el mismo acto comunicativo.
A partir de esas definiciones, se hace importante definir el alcance de las nociones de comunidad lingüística y comunidad de habla. De acuerdo con la caracterización de Hymes y Gumperz, una comunidad lingüística supone un grupo que comparte un código (una lengua) común en sus interacciones, mientras que una comunidad de habla supone un grupo social que comparte normas más específicas de producción e interpretación del lenguaje, y no sólo una lengua. No hay correspondencia de uno a uno entre las dos nociones, puesto que una comunidad lingüística suele incluir diversas comunidades de habla (como sucede, por ejemplo, con los diversos países hispanoparlantes). Por otra parte, la comunidad de habla puede establecerse con distintos niveles de abstracción, puesto que puede hablarse de la comunidad de habla de un país, de una provincia, de un barrio, de una escuela, etcétera. Ello implica, fundamentalmente, que una persona puede pertenecer a distintas comunidades de habla en la medida en que comparta con diversos grupos una serie de normas de comunicación particulares (por ejemplo, actitudes, normas de cortesía, reglas para los actos de habla, etc.).
En relación con la idea de que un hablante elige dentro de los códigos disponibles en la lengua el más apropiado a una situación dada, el sociólogo Basil Bernstein (1924-2000) ha planteado la oposición entre código amplio y código restringido. Para Bernstein, que ha trabajado principalmente los problemas de aprendizaje de los jóvenes ingleses provenientes de clases sociales bajas, el código elaborado o amplio está asociado con situaciones formales en las que se mantiene la distancia social entre los interlocutores. Entre los marcadores de este código están: una sintaxis compleja (estructuras hipotácticas) con una gran variedad de selecciones sintácticas, subordinación de oraciones, grupos verbales y del sustantivo, léxico altamente diferenciado y, sobre todo, significados explícitos con un carácter universal. Esto hace que el código elaborado sea independiente del contexto. Por su parte, el código restringido está asociado con marcadores opuestos a los anteriores: sintaxis simple (estructuras paratácticas) con un abanico limitado de selecciones sintácticas, una restringida variedad de formas lingüísticas y significados que tienden a ser implícitos puesto que el emisor asume que el destinatario comparte el significado. Es por tanto, un tipo de lengua dependiente del contexto, con una forma socialmente personal o íntima, basándose en unas normas comunes. De este modo, la asimetría social se refleja en el manejo de los códigos: mientras que algunos hablantes dominan ambos códigos y pueden utilizar uno u otro de acuerdo con el contexto (es lo que sucede con los niños ingleses de clase media), otros (los niños de clase trabajadora) sólo manejan un código restringido, lo cual les impide la apropiación del discurso pedagógico.
Otro concepto central dentro de la llamada sociología del lenguaje está dada por la distinción entre bilingüismo (o plurilingüismo) y diglosia, desarrollada, entre otros, por Joshua Fishman (n. en 1926). Así, mientras el bilingüismo supone el dominio pleno, simultáneo y alternante de dos lenguas, la diglosia es una situación lingüística relativamente estable en la cual, además de la lengua estándar (que puede incluir diversos estándares regionales), hay una variedad lingüística superpuesta, muy divergente, altamente codificada (a menudo gramaticalmente más compleja), que funciona como vehículo de una parte considerable de los textos escritos (incluida la literatura), que se aprende básicamente a través de la enseñanza formal y se usa en la oralidad o la escritura para diversos propósitos, pero no es empleada por ningún sector de la comunidad para la conversación ordinaria. La sociología del lenguaje también ha estudiado las nociones vinculadas con las actitudes lingüísticas, entendidas como las actitudes sociales del individuo referidas específicamente a la lengua en relación con la sociedad.
Lecturas básicas Bernstein, Basil (1964), “Elaborated and Restricted Codes”, en Gumperz, John & Dell Hymes (eds.). Fishman, Joshua (1972), The sociology of language, Massachusetts, Newbury House. Editado en español como: Sociología del lenguaje, Madrid, Cátedra, 1979. Gumperz, John & Dell Hymes (eds.) (1964), The Ethnography of Communication. American Anthropologist 66:6, Part 2. Gumperz, John & Dell Hymes (eds.) (1972), Foundations in Sociolinguistics: An Ethnographic Approach, Philadelphia, University of Pennsylvania Press.Labov, William (1972), Sociolinguistic Patterns, Philadelphia, Pennsylvania University Press. Editado en español como: Modelos sociolingüísticos, Madrid, Cátedra, 1983.

LINGÜÍSTICA

El estructuralismo

El siglo XX instaura lo que se denomina la lingüística moderna, cuyo fundador reconocido es sin lugar a dudas el lingüista suizo, nacido en Ginebra, Ferdinand de Saussure (1857-1913). Si bien pueden reconocerse líneas de continuidad con la lingüística del siglo XIX, la lingüística del siglo XX se caracteriza como “moderna” en razón de algunas convicciones salientes que la distinguen de la del siglo anterior y que debemos a la obra de F. de Saussure.
Esas convicciones son:
1. la orientación descriptiva (no prescriptiva) de la lingüística;
2. la prioridad de la lengua oral por sobre la escrita;
3. la asunción de la importancia de todas las lenguas, independientemente del grado de desarrollo o poder de sus comunidades hablantes;
4. la prioridad otorgada a la descripción sincrónica por sobre los estudios diacrónicos.

Ferdinand de Saussure (1857-1913)
Ferdinand de Saussure, considerado el “padre” de la lingüística, ha influido en las generaciones posteriores de una manera decisiva; esa influencia la ejerció a partir de una recopilación de sus conferencias, reconstruidas a partir de los cuadernos de apuntes de sus discípulos, que se publicó por primera vez en 1916. El Curso de Lingüística General, preparado por dos de sus discípulos (Charles Bally y Albert Sechehaye), presenta por lo tanto unas características que hacen difícil determinar el grado de exactitud y fidelidad con las ideas del lingüista, además de algunos fragmentos en los que la argumentación pierde intensidad o revela ciertas inconsistencias con otros enunciados del Curso1.
Es interesante destacar que la primera traducción del Curso de Lingüística General al español fue realizada por Amado Alonso en 1945, durante su época de exilio en Buenos Aires (Ed. Losada). El prólogo de Amado Alonso es una referencia iluminadora para la lectura del Curso, al que califica como “el mejor cuerpo organizado de doctrinas lingüísticas que ha producido el positivismo”. Saussure, en efecto, tiene como finalidad superior de sus reflexiones poder conferir dimensión de “ciencia” a la lingüística; para ello, es preciso dar con un objeto de estudio homogéneo, no complejo, susceptible de ser analizado mediante métodos rigurosos.
Para Saussure el campo de la lingüística está compuesto por todas las manifestaciones del lenguaje humano, todas las formas expresivas, sin discriminar entre “buenos” y “malos usos” y sin considerar el grado de civilización de sus hablantes. La tarea de la lingüística es por tanto realizar la descripción e historia de todas las lenguas, encontrar los principios generales de sus funcionamientos y, fundamentalmente, deslindarse y definirse ella misma.

Deslindar y definir el objeto de la lingüística: lengua y habla
Saussure distingue en primer lugar una facultad lingüística general, que nos da la naturaleza como especie y que nos permite “el ejercicio del lenguaje”. Pero, ¿cuál es el objeto de la lingüística? El lenguaje es “multiforme y heteróclito”, susceptible de ser analizado desde muy distintas perspectivas (física, fisiológica, psíquica, individual, social), tiene carácter estático pero dinámico, actual y simultáneamente pasado. Para construir un objeto de estudio que confiera a la lingüística el carácter de ciencia, Saussure acuña la dicotomía lengua y habla. Lengua y habla son dos aspectos –esencialmente distintos- del lenguaje. Influido fuertemente por el pensamiento del sociólogo y antropólogo E. Durkheim (1858-1917), define la lengua como un “hecho social”, un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones, adoptadas por la comunidad, para permitir el ejercicio de la facultad lingüística entre los individuos.
Para avanzar en la delimitación, Saussure parte de un esquema elemental del acto individual de comunicación: el punto de partida es el cerebro del hablante, en el que se produce el encuentro entre el concepto (los conceptos son definidos como hechos de conciencia) y la imagen acústica (las representaciones de los signos lingüísticos que sirven para su expresión). Saussure delimita en el acto de comunicación los aspectos físicos (ondas sonoras), los fisiológicos (fonación y audición) y los psíquicos (la unión de conceptos e imágenes verbales). Añade a las fases del circuito comunicativo una “facultad de asociación y coordinación” que desempeña el papel principal en la organización de la lengua como sistema y que se pone en juego cada vez que no se trate de signos aislados.
El lugar de la lengua se ubica en el cerebro de los hablantes, en la suma de imágenes verbales y sus correspondientes conceptos almacenada en todos los individuos. La lengua es un tesoro depositado por la práctica del habla en todos los sujetos que pertenecen a la misma comunidad; se trata de un sistema virtualmente existente en el conjunto de los individuos. En efecto, la lengua es esencialmente social, nunca está completa en el cerebro individual y es “exterior” al individuo. Por otra parte, es un producto que se registra pasivamente; el individuo no puede por sí mismo crearla ni modificarla: es homologable a una especie de contrato establecido en la comunidad y para conocer su funcionamiento es preciso realizar una tarea de aprendizaje. Es, por eso, un hecho histórico. Por el contrario el habla tiene un carácter esencialmente individual: se trata de un acto de voluntad e inteligencia de los hablantes; tiene un carácter “más o menos accidental”, incluye los aspectos físicos y fisiológicos, y contrariamente a la lengua es algo “accesorio” (un individuo privado del habla por determinada patología puede seguir poseyendo su lengua). La lengua, si bien es un objeto psíquico, tiene naturaleza concreta, dado que los signos tienen un lugar real en el cerebro y son representables mediante imágenes convencionales. Un diccionario y una gramática pueden ser una representación fiel de una lengua. La lengua, sostiene Saussure, es forma y no sustancia, es el terreno de las articulaciones entre el plano de los conceptos y de la sustancia fónica.
De esta manera, Saussure consigue construir un objeto de estudio homogéneo, distinto del habla, que puede estudiarse separadamente: un sistema de signos en el que es esencial la unión del sentido y la imagen acústica. Puede concluirse entonces que la teoría saussureana otorga al léxico (en tanto conjunto de signos) un carácter esencial en el sistema de la lengua.
Saussure considera que la lingüística es una parte de la semiología, “la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social”, y define como tarea del lingüista determinar por qué la lengua es un sistema especial de signos dentro del conjunto de hechos semiológicos. De esta manera la lingüística es una subdisiciplina dentro de la psicología social y, en última instancia, de la psicología.
El signo lingüístico
El signo lingüístico consiste en una asociación entre el concepto y la imagen acústica, se trata de una delimitación convencional en una masa amorfa de contenido (“una nebulosa”) de cierta significación, mediante una forma lingüística: sólo pueden distinguirse conceptos en virtud de su estar ligados a un significante particular. La lengua oficia así de intermediaria entre el pensamiento y el sonido. El signo lingüístico es una entidad psicológica de dos caras, que Saussure denomina significado y significante (para el concepto y la imagen acústica, respectivamente) de manera de trasmitir la unidad indisoluble que conforma el signo como totalidad.
Significado y significante están en una relación de interdependencia; el vínculo entre ellos es arbitrario, es decir, inmotivado: no hay razón para que a determinado significado le corresponda determinado significante y viceversa, hecho que prueba la existencia misma de distintas lenguas naturales (para un mismo significado, en español: mesa de luz; francés: nuittable; inglés: nighttable; alemán: Nachttisch; nótese además que el español conceptualiza de manera distinta de las demás lenguas esa significación). Por otra parte, el signo lingüístico es lineal debido al carácter auditivo del significante: tiene lugar necesariamente en la dimensión tiempo y asume sus características (representa una extensión mensurable).
Los elementos del significante se disponen secuencialmente y forman una cadena, lo cual es evidente en la escritura. El signo lingüístico es inmutable en relación con el individuo y la masa hablante que lo emplea: la lengua es siempre herencia de una época precedente, es “la carta forzada” y por tanto no puede cambiarse por la libre voluntad. Sin embargo, en relación con la dimensión tiempo, el signo lingüístico es mutable, puesto que es susceptible de alteración tanto en el plano del significante como del significado (cfr. latín clásico: necare, ‘matar’; español: anegar; francés: noyer, ‘ahogar’ ).
Sistema y valor
La lengua es un sistema de valores puros, que son establecidos por el hecho social: los valores de los signos lingüísticos se basan en el uso y el consenso de la comunidad. Un elemento del sistema no tiene valor sino en su relación con la totalidad del sistema; la lengua es un sistema en el que todos sus elementos son solidarios y en el que el valor de cada uno resulta de la presencia simultánea de los otros. La noción de valor se verifica tanto en el plano del significado como en el plano del significante.
Dentro de una misma lengua, las palabras con un significado general común se delimitan recíprocamente (valiente, audaz, temerario); las palabras de distintas lenguas no siempre tienen una correspondencia uno a uno (el inglés emplea fish indistintamente para pescado y pez, que en español se oponen por el rasgo +/- viviente; sus valores respectivos emanan de las diferencias que constituyen el sistema total del inglés y el español respectivamente). En cuanto al plano del significante, son sólo las diferencias opositivas las que configuran los valores de los elementos: hay cierto margen de flexibilidad para la realización de determinados fonemas (en la Argentina encontramos distintas pronunciaciones según las variantes regionales y sociolectales para la palabra lluvia ([lubja]; [šubja], [žubja], que portan el mismo valor distintivo; sin embargo, tal flexibilidad no podría trasladarse al sistema fonológico del francés). Saussure concluye que en la lengua no hay más que diferencias conceptuales y fónicas que resultan del sistema y que ponen en relación de valor a todos sus elementos.
Relaciones sintagmáticas y asociativas
Las relaciones entre los elementos del sistema se realizan en dos órdenes diferentes que corresponden a las dos formas de nuestra actividad mental: el orden sintagmático y el orden asociativo o paradigmático. Las relaciones sintagmáticas reflejan la linealidad del signo lingüístico, que condiciona la secuencialidad de todas las expresiones: los elementos se alinean uno detrás del otro en la cadena del habla (fonos, palabras, oraciones); la totalidad resultante es llamada sintagma y se compone de dos o más unidades consecutivas (por ejemplo, ante-poner, Con razón, Aunque llueva, saldré). Se trata de relaciones “en presencia” (puesto que dos o más elementos se hallan igualmente presentes en la serie), ordenadas y que tienen un carácter finito. Las relaciones paradigmáticas se dan en el cerebro del hablante (son relaciones “en ausencia”), que asocia elementos del sistema que tienen algo en común (por ejemplo, altura/frescura/calentura; cariño/afecto/amor; perdón/calefón/atención), es decir, la asociación puede basarse en la presencia de elementos comunes –un sufijo–, en la analogía de significados o en la simple similitud fónica. Los elementos evocados forman una familia asociativa que no tiene un orden dado ni, por lo general, un número definido.
Sincronía y diacronía
Sobre la base de la dimensión del tiempo, Saussure plantea la necesidad de distinguir la perspectiva sincrónica y la perspectiva diacrónica en el estudio lingüístico, necesidad común a todas las ciencias que operan con valores. Así plantea, en primer lugar, una lingüística sincrónica que se ocupa del aspecto estático de la lengua (“el eje de las simultaneidades”), que se instancia como un sistema de puros valores fuera de toda consideración histórica y, en segundo lugar, una lingüística diacrónica (“el eje de las sucesiones”), que estudia la evolución de una lengua. Para Saussure, la oposición entre ambos puntos de vista es absoluta: la lengua es comparada en este sentido con un juego de ajedrez: el valor respectivo de las piezas depende de su posición en el tablero, por lo tanto, el sistema siempre es algo momentáneo, que varía de posición a posición (= el sistema en equilibrio). Los cambios evolutivos (=alteraciones del sistema) no afectan más que a elementos aislados –como el movimiento de una pieza-; esos cambios pueden tener repercusión alta o nula en el sistema total. Ambas perspectivas son igualmente legítimas y necesarias; sin embargo considera que la lingüística ha dedicado una atención excesiva a la diacronía y que debe volverse hacia el estudio de la sincronía, considerada como descripción de estados de lengua. De hecho, todos los estudios rotulados como “descriptivismo” que ocupan la primera mitad del siglo XX provienen más o menos directamente de Saussure.
Lecturas recomendadas
Saussure, F. de (1916), Cours de linguistique générale, publicado por C. Bally y A. Sechehaye, con la colaboración de A. Riedlinger, Lausana-París: Payot. Traducción al español de Amado Alonso, Curso de Lingüística General, Buenos Aires, Losada, (1980) [1945].
Saussure, F. de (2002), Écrits de linguistique générale, París, Gallimard. Publicado en español, Escritos sobre lingüística general, Barcelona, Gedisa, 2004.
1 Recientemente se ha editado un volumen que contiene escritos inéditos de Saussure, que habían permanecido ocultos hasta 1996 en la casa familiar, y que ponen en tela de juicio el carácter categórico con que son presentadas las famosas dualidades estructuralistas en el Curso de Lingüística General (ver lecturas básicas, Saussure, 2004).

LINGÜÍSTICA (ESTRUCTURALISMO)

Las palabras: el signo lingüístico, los monemas


La Gramática y sus partes

La Gramática es la ciencia que estudia la lengua y la que rige su uso mediante una serie de normas. La Gramática esta formada por diferentes ciencias que se ocupan de los diversos aspectos más concretos.

Partes Objeto de estudio
Fonética Los sonidos que pronunciamos: cómo se emiten, los órganos que intervienen (lengua, labios...
Fonología La función de los sonidos.
Ortología La pronunciación de los sonidos de la palabra, la entonación de la frase, las pausas...
Ortografía La escritura de las palabras, el uso de la tilde, de los signos de puntuación...
Semántica El significado de las palabras.
Morfología La forma de las palabras (nombres, verbos...), cómo están constituidas, cómo se forman...
Sintaxis La relación de las palabras en la oración, su combinación y sus funciones.

El signo lingüístico
La comunicación entre las personas se establece por medio de signos que ellas mismas han inventado.
Signos Significados
Los aplausos en el teatro La obra ha gustado a los espectadores.
El color negro Luto
Sería bastante complejo comunicar todas nuestras ideas y expresar nuestros sentimientos con signos como los anteriores. Pero el hombre, posee un medio más completo para expresar todo lo que sabe y siente; es el lenguaje.
El lenguaje está compuesto por signos lingüísticos y éstos siempre tienen dos partes inseparables:
  • El significado que es la idea o contenido que tenemos en la mente de cualquier palabra conocida.

El significante que es el conjunto de sonidos o letras con que transmitimos el contenido de esa palabra conocida.


SIGNO LINGÜÍSTICO
Características del signo lingüístico
El signo lingüístico tiene estas características:

  • Biplánico: Un plano se refiere a la idea que se forma en nuestra mente, es decir, al significado y que se llama plano del contenido. El otro plano se refiere a los sonidos o las letras que forman la palabra, es decir, al significante y se llama plano de la expresión.
  • Arbitrario: La relación entre el significado y el significante del signo lingüístico es un acuerdo libre entre los hombres. Cada comunidad de hablantes utiliza distintos significantes para un mismo significado. La palabra que nos sirve para referirnos a "pájaro" es pájaro pero podría ser otra y todos lo entenderíamos. Para los franceses la palabra que se refiere al significado anterior es oiseau. EL SIGNO LINGÜÍSTICO ES ARBITRARIO.
  • Articulado: El signo lingüístico puede descomponerse en partes más pequeñas.

    arboleda

árbol eda

a r b o l e d a

  • Lineal: Los signos lingüísticos se ordenan unos detrás de otros.
    La bicicleta es nueva.


Los monemas
Ya sabemos que los signos lingüísticos se pueden dividir en partes más pequeñas. Esas unidades se articulan entre sí, es decir, se unen y combinan para formar unidades mayores.
/n/ - /i/ - /ñ/ - /o/ - /s/ - niñ - o - s - niños
Fonemas - Monemas - Palabra
Como recordarás, los fonemas no tienen significado y constituyen lo que llamamos segunda articulación.
Los monemas son las unidades mínimas del lenguaje que tienen significado y constituyen la primera articulación.


Oración: Mi amiga sigue intranquila.

Monemas Significado
mi "posesión"
amig- "persona a la que tenemos afecto"
-a "femenino singular"
sigu- "continuidad en una acción o estado"
-e "3ª persona del singular del presente de indicativo"
in- "no"
tranquil- "estado de ánimo sosegado"
-a "femenino singular"

Clases de monemas
niñ- -o, -s
Persona humana de corta edad Indican masculino (-o) y plural (-s)
Lexema Morfemas
Monemas

Lexema es la parte del monema que aporta el significado al término o palabra.
Morfema es el monema que añade al lexema otros matices, menos significativos; pero no menos importantes como género, número, persona...

Monemas Clase
mi Morfema
amig- Lexema
-a Morfema
sigu- Lexema
-e Morfema
in- Morfema
tranquil- Lexema
-a Morfema

No se deben confundir los monemas con las sílabas. Las sílabas no tienen significado.
Tampoco equivalen a palabras, ya que palabra es un conjunto de fonemas dotado de significado que en la escritura va entre espacios en blanco y en la cadena oral entre pausas. Una palabra puede ser descompuesta en monemas en muchos casos (amig-a, sigu-e, in-tranquil-a); pero, otras veces, no admite esa división (mi, el, tren, níquel).


Clases de morfemas
Morfemas libres: Son los morfemas que pueden aparecer solos, sin estar unidos a un lexema.
Morfemas trabados: Son los que necesariamente tienen que aparecer unidos a un lexema.

Morfemas libres Morfemas trabados
de papeles

y niñas

las librería
Los principales morfemas libres son preposiciones, conjunciones, y artículos.

Clases de morfemas trabados
Flexivos: Sirven para expresar el género y número de nombres y adjetivos, y el modo, tiempo, número y persona de los verbos.

MORFEMAS DE GÉNERO
Término Morfema Información

niño -o Género masculino

niña -a Género femenino

MORFEMAS DE NÚMERO
Término Morfema Información
mesa (sin morfema) Número singular
perros -s Número plural
leones -es Número plural

MORFEMAS DEL VERBO
Forma verbal Lexema Morfema Información
canto cant -o 1ªSing. Pte. Indic.


Derivativos: Son los que al unirse a los lexemas forman palabras derivadas.

Prefijos Sufijos
suboficial bravura

redoble negruzco